Tomás Vera y la conquista de Verdi

 

Visitamos el taller de Verdi para hablar con su director creativo, Tomás Vera, quien tomó la visión de su padre y la convirtió en una marca de lujo que habla de Colombia ante el mundo.

Un imponente árbol de la vida es el corazón del taller de Verdi en Bogotá. Con 5.50 metros de altura, su follaje, hecho de fique y su tronco cubierto de cobre tejido a mano se materializó durante cuatro meses gracias al trabajo de 16 personas para convertirse en el nuevo símbolo de la marca.

Esta idea se llevaba cultivando desde el 2013 en la cabeza de Tomás, la cual fue evolucionando, como cada producto que ofrecen. Para él, el éxito en el diseño tiene mucho que ver con el tiempo que se dedica a madurar las ideas.

 

Un tapete revolucionario

Es imposible remontarnos a los inicios de la marca sin hablar del papá de Tomás. Por eso la primera pregunta que le hacemos es sobre Carlos Vera Dieppa. Nos cuenta que fue un personaje curioso e intrépido, que tuvo la visión de crear un tapete inspirado en el tradicional tatami japonés, hecho a partir de fibras naturales colombianas.

“Materializarlo no fue fácil, porque no todas las fibras son resistentes para soportar el tráfico de las pisadas”, pero Carlos, además de creativo era persistente y, pensando en un material mucho más duradero, decidió visitar a un tejedor de costales de café. Una vez tejido, lo llevó a otro artesano para que le pusiera una capa de látex y luego un borde de cuero. Hacia el año 2000, Carlos incorporó a sus tapetes el metal, creando una verdadera revolución del diseño.

Vera + Dieppa = VERDI

Carlos Vera Dieppa falleció en el año 2010. Tiempo después, Tomás, graduado de administración de empresas en Inglaterra, regresó al país para retomar el proyecto de su padre y abrió el primer taller de Verdi, un nombre que tomó las iniciales de los apellidos de su progenitor.

“Al principio solo hacíamos tapetes y hoy somos un estudio de diseño colombiano que tiene tres pilares fundamentales: el interiorismo, la moda y el arte”, nos cuenta Tomás, desde el taller al que se mudaron hace más de dos años.

Bajo esos pilares, el catálogo de Verdi incluye tapetes, cortinas, cobijas y accesorios para la mesa, hechos con una técnica nunca vista en el mercado. “Trabajamos el fique, la fibra de plátano, el cumare, el yaré, la seda orgánica, la crin de caballo y la alpaca; y las mezclamos con cobre, acero y metales bañados en plata. La idea es crear una fusión entre lo artesanal colombiano, con lo moderno”.

 

Una mochila icónica 

Uno de los pasos más importantes de Verdi fue la incursión en el mundo de la moda con una pieza mundialmente reconocida. “Reinventamos la mochila tradicional colombiana. Usamos el metal, algo que está en el ADN de Verdi y la tejimos en crochet”. El resultado fue tan exquisito, que conquistó a personalidades alrededor del mundo como La Reina Letizia de España, Sofía Vergara, Lauren Santo Domingo, Margherita Missoni y Nina García, quienes han lucido sus creaciones en distintos escenarios.

Más que una empresa, Tomás considera a Verdi como un proyecto de vida. Ahora quiere dar a conocer su trabajo y el de las personas que trabajan con él en diferentes partes del mundo; conquistar el mercado internacional con piezas innovadoras que hablen de Colombia y sostenibilidad. “Para nosotros la mayor expresión del lujo va totalmente ligada a la sostenibilidad”. Por eso, el árbol de la vida representa su visión: “en una época de calentamiento global y de plástico, son los árboles los que le dan la vida a nuestro planeta”.